Corre, Forrest, Corre: El Manual Sarcástico para Sobrevivir a tus Pesadillas

¿Tu subconsciente ha decidido convertir tus noches en un maratón sin medalla? Soñar que te persiguen es el pasatiempo nocturno favorito de tu cerebro, un thriller de bajo presupuesto donde tú eres el protagonista, el especialista de riesgo y el crítico más duro. Descubre por qué tu mente, en su tiempo libre, prefiere el género de terror en lugar de, no sé, un relajante documental sobre jardinería. Spoiler: la respuesta probablemente tenga menos que ver con traumas profundos y más con ese postre de chocolate que te comiste a las 11 de la noche.

Ah, el clásico sueño de la persecución. Un favorito de la taquilla en el festival de cine personal que es tu cerebro. La trama es simple, pero efectiva: tú, el héroe con una resistencia pulmonar envidiable (para ser alguien que está profundamente dormido), y Eso, la entidad amorfa cuyo único objetivo en su existencia onírica es… bueno, perseguirte.

La interpretación popular, abanderada por legiones de psicólogos bienintencionados, es que este sueño representa que estás "huyendo de un problema en tu vida despierta". ¡Qué revelación tan asombrosa! ¿Quién lo hubiera pensado? Resulta que esa sensación vaga y omnipresente de que se te viene el mundo encima no se va cuando te duermes, sino que se pone unas zapatillas deportivas y te sigue.

Pero seamos más específicos, ¿no? Analicemos los elementos de esta obra maestra de suspenso:

El Perseguidor: ¿Es una sombra? Fantástico. Es la representación perfecta de todo lo que prefieres no ver de frente. Esa factura que has escondido debajo del teclado, ese correo electrónico de tu jefe que aún no has abierto, la promesa que le hiciste a tu pareja de que organizarías el armario. Es una criatura hecha de pura Procrastinación y Ansiedad Social. No tiene cara porque si la tuviera, probablemente tendría la misma expresión de fastidio que tú.

La Huida: Ahí estás tú, galopando con la gracia de un cervatillo recién nacido en una pista resbaladiza. Tus piernas se mueven en cámara lenta, como si estuvieran hechas de plomo maleable. Es la metáfora más precisa que tu cerebro ha creado: la sensación de que por más que te esfuerces en la vida real, avanzas a la velocidad de un caracol sedado. Es la encarnación pura del "dar palos de ciego".

Y luego está el Despertar: Justo cuando la criatura de tus obligaciones incumplidas está a punto de alcanzarte con sus garras hechas de recordatorios de calendario, te despiertas. Con el corazón a mil, bañado en un sudor frío, y con la única certeza de que has sobrevivido otra noche para… levantarte y enfrentarte exactamente a las mismas cosas de las que huías en el sueño. La ironía es simplemente deliciosa.

¿La moraleja de esta historia educativa? Probablemente no es que tengas que enfrentarte a tus miedos en un dramatico duelo a muerte al amanecer. Es más probable que sea: "Querido cerebro, si de verdad quieres ayudarme, la próxima vez podríamos soñar que tengo un sistema de archivo impecable y que he respondido todos mis correos. O, y esto es una idea loca, podríamos soñar que estoy en una hamaca en una playa desierta. De nada."

Así que la próxima vez que te encuentres en esa carrera nocturna, recuerda: no es una pesadilla. Es solo tu mente, siendo un director de cine exasperantemente literal. Y quizás, solo quizás, deberías considerar cambiar a café descafeinado.

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